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Referencias mitológicas en Moby Dick

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    Construido como una epopeya e imbuido por un espíritu trágico, Moby Dick es el canto del hombre, Ismael, que sabiendo que desafía la razón, busca en el mundo heroico una explicación a su comportamiento que le resulte a él mismo convincente y, si es posible, también a sus lectores. Ismael entabla un debate con la lógica, con la racionalidad. Es consciente de que su modo de actuar escapa a las leyes de su propia razón, que -como él mismo afirma- puede llegar a ser más débil en ocasiones que lo irracional. El ritmo de la narración trasmite ya por sí mismo ese desajuste incoherente. Es el propio narrador quien afirma, ya avanzada la novela, que «hay algunas empresas en que el método adecuado es un desorden cuidadoso (82) [1] ». El autor traspasa sin pudor los límites de la organización racional [2] atreviéndose a mezclar al azar estilos narrativos de distinto cariz que desvían deliberadamente al lector de la narración lineal [3] . La obra se configura de este modo como ...

Lo que no fuimos

  Lo que no fuimos Volvemos. Ahí está el pasado más objetivado de lo que imaginábamos, más falaz, más falso. Sin violencia alguna rompemos nuestra propia continuidad, dolorosa pero segura, la única que nos ampara. Con el sol de espaldas caminamos sobre losas contemplando nuestra propia sombra. Comprendemos otra vez que la maleza y la excavadora son más fuertes que nuestro cobijo, y aun así cruelmente intentamos de nuevo   recuperar aquella parte de nuestro ser que, despiadada, dejó de ser nuestra, que nos evoca aquello que no fuimos. Comprobamos que los de ahora no son aquellos, que van manchados de un barro que nosotros nunca pisamos.   Pero volvemos con saña, Atravesando túneles oscuros y malditos que reabren heridas que pensábamos curadas. Buscándonos a nosotros, sólo a nosotros, en alguien que recuerde y nos diga que fuimos algo y que por eso nos recuerda.

Llegó la cordura

  Llegó la cordura. Arrastrando con ella la alegría. Vencieron los días tranquilos, sin consuelo ni llanto. Empujaron con ellos la esperanza y el dolor. Nacieron la distancia, el envoltorio, el límite. Murieron los abrazos, el roce y las caricias. Se instaló la banalidad y con ella la indiferencia Y ocuparon el puesto que pertenecía a la pasión. Poco a poco, sin saber cómo, fue llegando la muerte y se quedó imperturbable entre la vida. Una pantalla sin olor nos alejó del cielo y nos hizo creer que era la verdad. Siempre dudamos de que aquello fuera cierto, pero no hubo nadie capaz de sacarnos de nuestra perplejidad. Y nos acostumbramos a sentirnos extraños, como de otro mundo. Y así seguimos. Contemplando como propio lo que nos es ajeno, lo que ha ido robando ese mundo entrañable del que gozamos algún día sin saberlo.
  Anacreóntica La contemplaba como si fuera una rosa amarilla, perfecta y fría. Impermeable. Podía parecer cruel, pero no lo era. Simplemente no sentía. Era perfecta y fría. Su elegancia imperturbable repelía cualquier contacto con la mediocridad. Adoraba la palabra excelencia. Nada manchaba su elegancia inalterable, nada osaba estropear esa perfección. Nunca se marchitaba porque el aire no traspasaba su pantalla aislante. Tampoco crecía. Era hermosa, perfecta, amarilla y fría. Nunca entendió por qué le desgradaba tanto.

Prometeo- Ahab en Moby Dick

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  El espíritu de Prometeo. El Capitán Ahab El verdadero protagonista de la novela es para algunos críticos, [1] Ahab, el capitán que, carcomido por el sufrimiento incontrolable que le produce su obsesivo afán de venganza, ‘luchando contra el mal… se convierte en imagen de aquello que detesta’ [2] . En torno a él se definen los demás personajes y en particular el propio Ismael que atempera y entiende sus propios conflictos internos observando los del capitán. Quizá por eso las imágenes y comparaciones con las que se describe a Ahab sean los momentos más lúcidos de la novela de Melville y en los que mejor se entiende cuánto le influyó a Melville en el modo de tratar el sufrimiento humano, la lectura de las obras de Shakespeare [3] . El referente mitológico del personaje de Ahab es sin lugar a dudas el titán Prometeo y su odio hacia Moby Dick es parangonable al que aquel experimenta hacia Zeus. Hijo del titán Japeto y de la oceánida Clímene, Prometeo, superaba a sus hermanos en a...

Llegó la cordura.

  Llegó la cordura. Arrastrando con ella la alegría. Vencieron los días tranquilos, sin consuelo ni llanto. Empujaron con ellos la esperanza y el dolor. Nacieron la distancia, el envoltorio, el límite. Murieron los abrazos, el roce y las caricias. Se instaló la banalidad y con ella la indiferencia Y ocuparon el puesto que pertenecía a la pasión. Poco a poco, sin saber cómo, fue llegando la muerte y se quedó imperturbable entre la vida. Una pantalla sin olor nos alejó del cielo y nos hizo creer que era la verdad. Siempre dudamos de que aquello fuera cierto, pero no hubo nadie capaz de sacarnos de nuestra perplejidad. Y nos acostumbramos a sentirnos extraños, como de otro mundo. Y así seguimos. Contemplando como propio lo que nos es ajeno, lo que ha ido robando ese mundo entrañable del que gozamos algún día sin saberlo.

Moby Dick referencias

 https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-07-30/moby-dick-novela-hundio-herman-melville_2153455/ http://www.touchstonemag.com/archives/article.php?id=08-02-015-f#ixzz45XCnO5bw