Alba de Tormes. Noventa años de vida vistos desde un globo.
Por estos años fue cuando empezamos a pasar un mes de verano en Alba. Me acordé de aquellos veranos cuando volví allí para asistir al entierro de mi cuñada Emi, la mujer de Manolo, el hermano mayor de Agustín, y recordé los veranos que allí pasamos antes de nacer Eduardo, el quinto de mis hijos. Fueron tres veranos dignos de recordar por lo original de nuestro veraneo ya que vivíamos en una posada donde los feriantes venían con el ganado y dónde la posadera, que se llamaba Teresa, les preparaba la comida y guardaba los caballos en la caballería, una gran cuadra que había en el piso de abajo. La posada tenía dos grandes comedores y a nosotros nos dejó uno y una alcoba de forma que en la alcoba, que tenía dos camas grandes, dormíamos en una de ellas Agustín y yo y en la otra Tere y Agus que eran aún muy pequeños. Las dos mayores dormían en el comedor, en una cama plegable. ...